
La biblioteca documenta sobre libros . Ya casi me quedaba dormida, y quién no, si esa parte del texto no podía ser más obvio. Pero bueno, de todos modos, leí la definición de biblioteca. Y pensar que tenía mi bibliotecario favorito, que un tiempo atrás esa palabra no estaba anquilosada, sino todo lo contrario; estaba revestida de ánimos candentes. No eran sólo páginas y estantes llenos de polvo... el mesón se me hacía gracioso, palpaba su textura con dificultad pero lo hacía.
Yo solía tener mi bibliotecario favorito. Me acariciaba la mano delicadamente cada vez que entregaba una novela rusa (de esas que me gustan a mí); con un movimiento casi imperceptible, un roce inocente, sutil. No dejaba de mirarme por sobre esos lentes pequeños y cuadrados, que le daban un aspecto de hombre inteligente, mayor y degenerado (no importaba que no fuera así en realidad). Pero todo eso sólo para mí, porque con ninguna otra comentaba las lecturas no, yo no lo habría aceptado; a ninguna otra miraba por sobre los lentes, yo me sentaba en su sala de repaso a recelar de mi territorio, como una pequeña pantera que acecha a su presa sin contemplaciones; a ninguna otra acariciaba las manos, les habría saltado al cuello.
Guardaba para mí las ediciones más extrañas y curiosas de libros que sólo él conocía en esa biblioteca de liceo público. Yo tuve un bibliotecario propio, todo a mi servicio. Para él, solía arrancarme durante clases, cruzar la cancha de basketball y pasar frente a la inspectoría, hasta dar con la escalera que lo mantenía separado del mundo de 2 a 7 de la tarde.
Ya ahí, me sentaba en esa mesa de madera antigua, que era de uso personal, y que quedaba justo frente a su mesón. Me subía el jumper despacito y de a poco, para que si alguien entraba de improviso no notase mi ansiedad ni mi descaro. Él seguía inscribiendo títulos, haciéndose creer al mismo que no me veía. Pero sí me veía, porque finalmente bajaba sus lentes del eje de su mirada y recorría mi figura a contraluz (ese pupitre estaba en la ventana). Sólo entonces sacaba el libro que me había escondido bajo la blusa y me dirigía a su mesón, que pese a los 16 años, me quedaba alto. Él se reía "¿qué voy hacer contigo?" preguntaba con sus ojos azules y apoyado con las dos manos sobre ese tablón; yo observaba sus canas y esas arrugas de hombre interesante (ni demasiado joven , ni demasiado viejo), para terminar acariciándole las manos y subiéndome en ese mueble. No recuerdo muy bien como era la superficie.
Yo tuve a un bibliotecario de vicaría a mis pies. Me leía a Nabokov cuando se sentía culpable y quería expiar sus miedos con la risa, y reíamos los dos de esa ironía, en la estantería de teología.
La definición de biblioteca es cualquier cosa sobre libros, menos documentación.
2 comments:
Holi!
con esa historia de biblioteca el texto de producción sería más entrete...
mmmm un bibliotecario? nose porque me parece haber escuchado eso antes...
soy una mala persona porque en vez de ir a leer, me quedó aquí facebook y blogs
adios ragym!
hasta tomorow
hay una parte muy killer
eso de saltar al cuello
hijole ragym,...kizas andas trayendo ese bolso gigante para ir a entrenar con otros objetivos
me ahorraste la deficnion debiblioteca. con tu historia me ha qedado bien clara
a todo esto
la edad del bibliotecario keda a la orden de la imaginacion?
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